Regionalismo autónomo

El regionalismo autónomo es la propuesta alternativa de integración regional basada en la complementación productiva, la articulación entre regiones, la recuperación de la autonomía, y un reenfoque de los objetivos del desarrollo hacia las necesidades y demandas nacionales y regionales. Esta concepción entiende que en las actuales condiciones, cualquier intento de desarrollo alternativo sólo es posible si se realiza en una perspectiva regional con el concurso de otros países.

Es una propuesta que va más allá de los acuerdos meramente comerciales, y apuesta a la incorporación de las cuestiones políticas, sociales y ambientales. A su vez, se reposiciona el desarrollo a partir de metas socioambientales ya que será necesario implementar tanto reformas productivas como políticas para poder llevar adelante los cambios. Los aspectos básicos del concepto son los siguientes:

Perspectiva biorregional. La base productiva de las naciones sigue dependiendo de la Naturaleza, y por lo tanto es necesario articular regiones ecológicas (biorregiones). Las biorregiones pueden ser definidas como espacios geográficos donde existen caracteres homogéneos desde el punto de vista ecológico, y complementariedades y similitudes culturales y sociales. El regionalismo autónomo apunta a procesos productivos adaptados a las condiciones ambientales de cada biorregión y que revistan el menor impacto ambiental.

Complementariedad ecológica y productiva. Se apunta a complementar y articular las opciones productivas propias de cada una de la biorregiones. Esto permite revertir estrategias de desarrollo de alto impacto social y ambiental, y lograr una optimización de recursos complementando las opciones productivas. Esto exige fortalecer el comercio intrarregional y establecer planes regionales productivos, con su coordinación macro-económica, políticas sectoriales comunes y manejo integrado de las fronteras. Por lo tanto, una consecuencia clave es implementar “políticas comunes” a nivel de los grandes bloques comerciales.

Opciones productivas y comerciales. El comercio regional debe dar prioridad a la calidad de vida. Se subraya la importancia de asegurar la suficiencia y soberanía alimentaria. Los subsidios y preferencias actuales que se centran en sectores extractivos orientados a los mercados globales, tales como el minero, deben ser redirigidos, y en aquellos casos en que las condiciones económicas lo permitan, reorientados hacia la agropecuaria. Bajo estos conceptos se debe revertir el énfasis actual en la competitividad espuria, basada en reducir los estándares laborales, sociales y ambientales, y pasar a una competitividad legítima. También son necesarias modificaciones en los conceptos de eficiencia, los que usualmente se recuestan sobre una visión económica, pero que debe ser ampliada a otra que incorpore criterios ecológicos y sociales, considerando por ejemplo los flujos de materia y energía en todo el ciclo productivo, y la generación de empleo. La búsqueda de la mayor ocupación posible de mano de obra se vuelve en un objetivo importante.

Autonomía y globalización. La propuesta de regionalismo autónomo apuesta a la recuperación de la autonomía frente a la globalización. Esto implica recuperar capacidades de autodeterminación para poder decidir y elegir el camino más adecuado para las estrategias de desarrollo, tanto a nivel nacional como regional. Esta autonomía pasa por reformas a nivel nacional pero también a nivel regional, ya que el concurso de varios países permite aumentar la capacidad de articularse de otra manera dentro de la globalización. El regionalismo autónomo debe generar las condiciones que permitan “desengancharse” de algunos aspectos de la globalización que impiden implantar agendas de sustentabilidad, así como vincularse a otros que puedan considerarse positivos y permitan una propuesta sustentable. Este énfasis permite reconsiderar el papel de la soberanía nacional y transitar hacia políticas comunes en un marco supranacional.

Dimensión política. Se debe promover la regulación social tanto al mercado como al propio Estado bajo un contexto democrático, tanto bajo instrumentos convencionales como incorporando nuevas herramientas. Ese proceso contempla una escala vertical (ampliando la democratización desde los niveles locales a los regionales, y viceversa), como también una escala horizontal (ampliando las instituciones y los actores involucrados en el debate, en la toma de decisiones y control, y en la participación ciudadana).

Reproducido de la definición de “Regionalismo Autónomo”, página 161, en “Integración y comercio – Diccionario latinoamericano de términos y conceptos”, por Eduardo Gudynas y Mariela Buonomo. Editorial Coscoroba, Montevideo, 2007.