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CLAES D3E

 UNCTAD XI - BRASIL

 

BALANCE DE LA UNCTAD XI:

ALGUNAS EXPECTATIVAS Y MUCHAS INCERTIDUMBRES

 

Eduardo Gudynas

 

El viernes 18 de junio se clausuró en San Pablo (Brasil) la conferencia de las Naciones Unidas sobre comercio y desarrollo (UNCTAD). Los gobiernos acordaron una breve declaración política ("El espíritu de Sao Paulo") y un documento analítico más detallado ("Consenso de Sao Paulo"), muy a tono con los encuentros internacionales donde los problemas apenas se denuncian, muchas cuestiones se insinúan y todos se felicitan mutuamente por los éxitos cosechados.

Seguramente el encuentro en Brasil permitió mantener a flote a la UNCTAD como un foro público donde se pueden discutir más abiertamente muchos más temas que en la Organización Mundial de Comercio (OMC). Pero de todas maneras, el encuentro recibió menos jefes de Estado que en la anterior edición, y las delegaciones de varios países fueron de menor jerarquía. Es más, buena parte de los encuentros más esperados en la arena comercial se desarrollaron en encuentros paralelos claramente por fuera del programa oficial de la UNCTAD. Esto sucedió con la reunión del "Grupo de los 20", la mini cumbre ministerial informal de Estados Unidos, la Unión Europea y otras naciones para destrabar las negociaciones en la OMC, e incluso las discusiones de la UE con el MERCOSUR.

Estados Unidos y la Unión Europea enviaron a sus máximos representantes comerciales (Robert Zoellick y Pascal Lamy), pero para participar de esos encuentros paralelos. A los pocos días abandonaron los salones de la UNCTAD y dejaron a representantes de nivel intermedio, aunque al frente de grupos numerosos. Cumplieron un claro papel de vigilantes, cerciorándose que algunos países revoltosos del sur no fueran a desencadenar una "rebelión en la granja", y actuando con discreción para dejar languidecer las iniciativas más osadas.

Desde el punto de vista de las naciones del sur, el "Grupo de los 20" se mantiene en funcionamiento, y sigue machacando por una apertura del comercio agrícola. Pero no se logró ningún avance que permitiera destrabar las negociaciones en la OMC. De la misma manera, y en buena medida por las diferencias sobre el comercio agrícola, las negociaciones entre el Mercosur y la UE tampoco progresaron. Si bien todos los negociadores repitieron su optimismo por un próximo acuerdo y declaraban en público que todo marcha sobre ruedas, lo que se pudo observar en el centro de convenciones de Anhembí es que los negociadores europeos se fueron un día antes, y en los corredores ya se habla de un posible "acuerdo light".

Brasil aprovechó tanto esos encuentros paralelos como las actividades centrales de la conferencia de UNCTAD para fortalecer su nuevo papel internacional. El presidente Lula da Silva participó de una larga lista de actividades con gobiernos, empresarios, sociedad civil y la prensa; el canciller Celso Amorim hizo otro tanto y se quedó hasta el último minuto, participando de la presentación de clausura junto al ministro Gilberto Gil y el secretario de la UNCTAD, Rubens Ricupero. Pero la multiplicidad de foros a los que asistió Lula hizo que la agenda temática se ampliara, y quedaron en evidencia varias lagunas tanto en la política doméstica como en las estrategias internacionales.

Entre los resultados más concretos de la UNCTAD XI se encuentra el lanzamiento de la tercera ronda de negociaciones del Sistema General de Preferencias Comerciales (SGPC) y el establecimiento de un grupo de trabajo sobre el precio internacional de los productos primarios. El SGPC inicia nuevas negociaciones entre los miembros del Grupo de los 77 y China, con importantes potencialidades para incrementar el comercio sur - sur y lograr nuevos márgenes de autonomía (ver análisis en Observatorio del Desarrollo - en pdf). El análisis de alternativas sobre el precio de las materias primas es una urgencia de varios países del sur, y recibió a último momento el espaldarazo del caso que Brasil le ganó a Estados Unidos por las distorsiones que impone sobre el algodón (ver reporte del 19 de junio). La conferencia también dio un paso adelante en abrir casi todos los encuentros a la sociedad civil, y permitir el desarrollo de un foro ciudadano.

De todos modos UNCTAD mantiene varios desafíos y problemas. Los tironeos con la OMC seguramente se mantendrán, pero tanto en esa organización como en la UNCTAD se sientan los mismos gobiernos, y por lo tanto ellos tienen las herramientas para inclinar la balanza en un sentido o en otro. En ese camino la UNCTAD se encamina a un recambio de su secretario general, quien está haciendo uso de una extensión de su mandato. Por cierto que será difícil reemplazar al brasileño Rubens Ricupero, quien usualmente va más allá de las tibias declaraciones gubernamentales y denuncia las asimetrías en la globalización actual. La nominación del sucesor corresponde al secretario general K. Annan, y necesita del respaldo de la asamblea general de la ONU.

Ricupero brindó varias ideas importantes sobre el papel de la sociedad civil en el marco de las Naciones Unidas. Advirtió una vez más que muchas organizaciones ciudadanas surgen por la crisis de la democracia representativa (ver reporte del 14 de junio), pero avanzó todavía más al decir que se debería buscar un sistema similar al utilizada por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) -en esa institución la representación es tripartita: gobiernos, empresarios y sindicatos-.

En cuanto a los dos documentos que los gobiernos aprobaron por consenso, es evidente la diversidad de cuestiones en juego, los diferentes énfasis y las dificultades en identificar caminos alternativos. Por ejemplo, en el "Espíritu de Sao Paulo", los gobiernos cuestionan la globalización -afirman que "la mayoría de los países en desarrollo, en especial los de Africa y los países menos adelantados, han quedado al margen del proceso de la globalización"-. Pero a pesar de esos testimonios no presentan una alternativa distinta a la globalización, sino que esperan que los actuales procesos mundiales de alguna manera les generen beneficios. Se conforman entonces con una reforma en el acceso a las pretendidas ganancias de esa globalización, y vuelven a insistir en liberalizar todo el comercio. De esta manera los países del sur en el marco de la UNCTAD, así como algunos grupos (notablemente el G-20) quieren todavía más liberalización comercial. En el "Espíritu de Sao Paulo" sostienen que es "preciso centrar la atención en la capacidad de la liberalización del comercio para contribuir al alivio de la pobreza", e incluso apuestan a la Ronda de Doha de la OMC como opción privilegiada.

A partir de ese tipo de análisis se llega a la cuestión de la "coherencia", uno de los temas centrales de UNCTAD XI, entendida como la coordinación, complementaridad y consistencia entre los el sistema financiero internacional, el sistema comercial global y la "governanza" económica mundial. Frente a estas cuestiones tanto el "Espíritu de Sao Paulo" como el "Consenso de Sao Paulo" ofrecen la idea que basta una cierta coherencia entre esos ámbitos para generar nuevos caminos hacia el desarrollo. Es claro que en la actualidad esos espacios regularmente actúan en forma contradictoria, y que con ello estrangulan a los países del sur (como lo hace el FMI y el Banco Mundial al imponer restricciones sobre los presupuestos nacional), pero es ciertamente ingenuo sostener que con coordinar esos ámbitos se lograrán las soluciones de fondo. En realidad lo que se necesita es una reforma sustancial de esos espacios. La tarea necesita entonces de una cirugía más profunda que todavía aguarda diagnósticos más certeros.


E. Gudynas es analista de información en D3E (Desarrollo, Economía, Ecología, Equidad América Latina). Publicado el 21 de junio 2004. Se permite la reproducción siempre que se cite la fuente.

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