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MERCOSUR

 

Renegociando el Mercosur:
los lImites del simplismo bien intencionado

  

Eduardo Gudynas

  

Los análisis y debates sobre el actual proceso de integración en América Latina están sufriendo de varios problemas. Por un lado hay una corriente de pensamiento que desconfía de ellos por muy variadas razones como su enquistamiento en defender un supuesto libre comercio. Pero por otro lado también hay una corriente de pensamiento que simpatiza con la integración Latinoamericana, que en buena medida proviene de la izquierda, donde en algunos análisis padecen de una aguda simplicidad -tan simples que terminan atentando contra la verdadera integración.

Debemos comenzar a preocuparnos frente a esta segunda corriente. Sus propuestas rebosan de ideales latinoamericanistas y en varios casos provienen de tiendas progresistas. Por esa razón es frecuente que si se las critica se despierten antipatías, como si esos cuestionamientos significaran apelar a posiciones conservadoras. En realidad no se cuestiona un compromiso básico con la integración Latinoamericana, sino que se deben analizar mas seriamente los caminos propuestos para alcanzarla.

Un ejemplo agudo de esta problemática lo representa un reciente artículo de Ana María Stuart, experta en relaciones internacionales de la Universidad de Sao Paulo y que ha ocupado posiciones de importancia en la comisión de relaciones internacionales del PT (Partido de los Trabajadores). En su nota Negociando un nuevo Mercosur (La Insignia, 23 octubre del 2004), Stuart propone un camino para reconfigurar uno de los procesos de integración más importantes de América Latina, el Mercado Común del Sur. Su propuesta comienza por dos ideas centrales: en la actualidad los gobiernos de Argentina y Brasil tienen una "visión" diferente sobre la integración que hace necesario un "nuevo" acuerdo, y esos cambios se deben basar en los antecedentes de un viejo convenio de complementación comercial y económica.

Un Mercosur de dos

En el primer punto, Stuart no sólo alude a los actuales gobiernos en Brasil y Argentina, sino que sostiene que el "nuevo" Mercosur comenzó a ser negociado por el presidente Lula con el anterior mandatario argentino E. Duhalde. Sobre este asunto, Stuart enfoca una y otra vez la renegociación del Mercosur como un asunto exclusivo de Argentina y Brasil, lo que deja al desnudo uno de los síntomas más frecuentes del simplismo en el análisis de los procesos de integración. Es el simplismo de olvidar que el Mercosur es un acuerdo con cuatro socios plenos, y que además de Argentina y Brasil, también está integrado por Paraguay y Uruguay. Ciertamente se podrá decir que son economías pequeñas en relación a las de los otros dos grandes socios, pero el Mercosur es un proceso político donde todos los miembros tienen capacidades negociadores iguales; allí cada país es un voto. No me mueve un afán nacionalista uruguayo en apuntar este problema, pero no puedo evitar señalarlo, ya que cada vez es más frecuente caer en ese extremo. Por ahora, el Mercosur sigue siendo un acuerdo de cuatro socios plenos, donde cualquier renegociación como las que plantea Stuart requiere consultar a los demás miembros.

La cuestión es que este "simplismo" integracionista se repite con muchos analistas, tanto en Argentina como muy especialmente en Brasil, y no sólo del ámbito académico sino también entre las empresas, los políticos y en unos cuantos líderes de sindicatos y otros movimientos sociales. El artículo de Stuart lo deja al desnudo ya que no tiene un tono en contra de los países pequeños ... simplemente los ignora. Por supuesto que desde una visión progresista casi todos están de acuerdo en que se deben renegociar varios aspectos del Mercosur, pero una postura progresista seria debe postular que esa renegociación se debe hacer entre todos los socios por igual. En efecto, una perspectiva de izquierda debe estar en contra de las relaciones de subordinación y asimetría, no sólo la que ejercen los países industrializados sobre América Latina, sino también las que puedan intentarse dentro de nuestro continente.

Pero además, ese simplismo también tiene consecuencias políticas. La más evidente es que generan irritación en las naciones pequeñas del Mercosur. Cierto subimperialismo subregional se ha convertido en uno de los factores que explican el cansancio de algunos actores gubernamentales y políticos en Paraguay y Uruguay con la marcha del bloque. En palabras más simples: están cansados de que Argentina y Brasil acuerden primero entre ellos y luego les impongan medidas comerciales. Y después se irritan todavía más cuando ni Brasil ni Argentina cumplen las medidas que ellos acordaron. Tan sólo como ejemplo del "verdadero" proceso de integración, en estos días algunos exportadores uruguayos están sufriendo una vez más trabas a sus exportaciones hacia Brasil, el que apela a las más variados trabas administrativas para contener ese comercio, mientras Argentina le hace otro tanto a Brasil. A pesar que en la letra de las normas del Mercosur esos problemas no deberían suceder más, en realidad son cuestiones cotidianas.

La insistencia de Stuart de pensar Mercosur como un binomio argentino-brasileño termina fortaleciendo a las opciones convencionales, en muchos casos de derecha. El liberalismo del saliente presidente Jorge Batlle de Uruguay ha criticado una y otra vez al actual Mercosur por cuestiones como estas. Es necesaria mayor rigurosidad y madurez política para evitar marginar a los socios pequeños, ya que eso lo único que logra es debilitar todavía más al bloque. Queda en evidencia así que la forma en que Stuart presenta su propuesta de fortalecer el Mercosur potencia reacciones políticas que van en sentido contrario.

Mercosur solo comercial

La segunda idea de Stuart proclama que el "nuevo" Mercosur se debe basar en el viejo PICE (Programa de Integración Comercial y Económica) creado por los presidentes Alfonsín (Argentina) y Sarney (Brasil) a fines de los años 80. Esta propuesta es otro ejemplo de simplismo, ya que invocar al PICE en realidad significa ir hacia atrás en el proceso del Mercosur: abandonar el camino de un proceso de integración política y regresar a un acuerdo esencialmente comercial. Es que el PICE era por sobre todas las cosas un acuerdo comercial tradicional, y allí no había lugar para espacios de negociación política en la integración. Justamente esas limitaciones fueron uno de los factores, entre varios, que motivaron a los gobiernos de Argentina y Brasil en ir más allá del mero convenio comercial hacia un tratado de integración.

Mientras hoy se critica al Mercosur tanto por el flanco de su sesgo comercial sobre el político, como por sus fallas comerciales, esta idea de Stuart es hacer al Mercosur todavía más comercial y menos político. Un acuerdo tipo PICE no es una solución para las dificultades actuales (aunque a los socios pequeños les podría ser más ventajoso; de hecho Uruguay tuvo sus propios acuerdos de complementación comercial con Argentina y Brasil que alimentaron fuertes corrientes exportadoras). Entonces, la "solución" de Stuart no ofrece certezas en ser el mejor remedio para la integración incompleta en el Mercosur. Pero además es una propuesta que a duras penas podría calificarse de izquierda, sino que es típica del liberalismo mercantilista que está detrás de muchos acuerdos actuales de libre comercio. Por lo tanto también se padece en un simplismo en la elaboración de respuestas mas novedosas y que transmitan su cualidad progresista.

Pero es todavía más sorprendente asociar un esquema de complementación comercial como el PICE al proceso de integración de Europa, tal como hace Stuart. Esto deja a su vez en evidencia otro problema: en la nota no hay un análisis explícito de la ausencia de una normativa supranacional, lo que es uno de los verdaderos problemas centrales del Mercosur. Stuart y muchos otros autores del simplismo optimista defienden una mayor integración en el bloque del sur y se repiten las declaraciones a favor de un Parlamento Común ... pero nada se dice sobre la renuncia a porciones de soberanía nacional necesarias para lograr la supranacionalidad. Las demandas de Stuart, como ir hacia un verdadero mercado común o lograr complementaridad productiva requieren de supranacionalidad, pero nada se dice sobre esa cuestión. Es más, tanto el gobierno de Brasil como los analistas de ese país han sido los más resistentes a considerar medidas reales para avanzar en ese camino cada vez que han sido discutidas en el seno del Mercosur.

El análisis del artículo de Stuart puede ahondarse todavía más, pero los ejemplos precedentes bastan para dejar en claro un aspecto esencial a varios actores de la izquierda contemporánea en nuestros países: tienen buenas intenciones, pero sus análisis son muy simples y sus propuestas también. Este es un problema creciente, y que debe comenzar a ser tomado con seriedad, en especial ante el novedoso contexto en que todos los gobiernos del Cono Sur se autodefinen como "progresistas". Debemos analizar esas posiciones y se deben construir nuevas propuestas, ya que siguen en pie los problemas básicos de la integración regional, en especial aquellos que impiden avanzar hacia una relación más igualitaria y fraterna, no sólo entre las personas, sino entre los países.

E. Gudynas es analista de información en D3E (Desarrollo, Economía, Ecología, Equidad América Latina).
Publicado el 26 de octubre 2004. Se permite la reproducción del artículo siempre que se cite la fuente.

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