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AMERICA LATINA

 

Los presidentes del Grupo de Rio, en Chile

Retorica de la autonomia, practica de la desconfianza

 

Eduardo Gudynas

 

Semanas atrás, se reunieron en Santiago de Chile, los 19 jefes de Estado integrantes del Grupo de Rio de América Latina. El encuentro generó muchas expectativas y pudo haber servido para lograr medidas novedosas, pero a pesar de los ampulosos discursos, pocos fueron los avances concretos. Se lanzaron palabras que podrían alentar esperanzas de nuevas estrategias en desarrollo en América Latina, se repitieron las demandas de unidad, y hasta se llegó a proponer una moratoria armamentista. Lastimosamente muchas de esas palabras se diluyeron, sin medidas concretas. Muchos presidentes parecen conscientes que sin la unión entre las naciones, poco conseguirán en el escenario mundial, pero no están dispuestos a dar los pasos necesarios. Se cuestionó al FMI, pero se lo presiona para que apoye a Argentina, sabiendo que con esa medida sellan la dependencia de ese país. Desean lograr autonomía de Estados Unidos, pero telefonean al presidente G. Bush para pedirle ayuda. De esta manera, la cumbre se vuelve un hecho contradictorio, y termina contribuyendo al descreimiento en la política.

El Grupo de Río es una instancia creada en 1986 para promover el diálogo y la cooperación entre los países del continente. En Chile estuvieron presentes, del 17 al 18 de agosto, los presidentes de Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, El Salvador, Guyana, Guatemala, México, Nicaragua, Paraguay, Perú, República Dominicana, Uruguay y Venezuela, y los vicepresidentes de Honduras, Ecuador, Guatemala y Panamá.

La cumbre de Santiago prestó especial atención a la "sociedad de la información", incluyendo una serie de principios generales para promover las nuevas tecnologías de la información; se cuestionó la marcha de la globalización; se prestó especial atención a la situación económica en Argentina, y al conflicto colombiano. Estos y otros puntos sobresalientes de la reunión se analizan seguidamente.

 

La crítica al orden internacional

Uno de los ejes centrales del encuentro fueron los cuestionamientos a la globalización. Por ejemplo, el presidente chileno, Ricardo Lagos sostuvo en el discurso inaugural que el "problema ya no es que los términos de intercambio se deterioren, el problema es que el corazón del sistema financiero tiene arritmias que no provocamos y que nos paralizan el sistema productivo". Agregó que es "imperativo" llegar a "posiciones comunes para la próxima asamblea del FMI y el Banco Mundial", así como ante la Organización Mundial de Comercio, en particular en los temas de productos agrícolas, servicios y medidas antiduming. En el mismo sentido, Lagos planteó la necesidad de fortalecer la unidad política de la región, incluyendo la salvaguardas de la democracia y el respeto a los derechos humanos. "Me parece que podemos hacer diferencias en lo que se va a lograr si trabajamos juntos", señaló Lagos. Respecto del Tratado de Libre Comercio de las Américas (ALCA), agregó que el grupo debe ser capaz de potenciar la coordinación para así lograr insertarse juntos en el tema de la globalización.

Sin duda que es una excelente idea buscar consensos de ese tipo. Por cierto que mucho podrían adelantar las naciones Latinoamericanas si coordinaran sus posturas ante organismos internacionales, y si profundizaran la integración política entre ellas. Lastimosamente poco se hace en ese sentido, y cada país intenta sacar su ventaja, en un juego que en realidad reporta pocas ventajas netas. El propio Lagos tiene pocos antecedentes en esas tareas, y en más de una ocasión ha actuado en sentido contrario. Tiempo atrás, el primer mandatario chileno insistía en la importancia estratégica de la vinculación de su país al Mercosur; lo repitió en la Cumbre de Presidentes Sudamericanos (Setiembre 2000). Pero en forma sorpresiva y unilateral aceptó embarcar a su país en negociar un acuerdo de libre comercio con los EE UU, debilitando cualquier posición concertada en las negociaciones del ALCA. Para aumentar todavía más esas contradicciones, un mes después de la Cumbre de Santiago, Lagos nuevamente opina en contra del llamado a la coordinación negociadora, sosteniendo que el camino para el ALCA será más rápido si cada país negocia por su cuenta con los EE. UU. Este tipo de contradicciones explican el escepticismo creciente entre las organizaciones ciudadanas; sospecho que otro tanto debe haber pensado más de un presidente o un canciller.

 

Armas: sí, talvez, pero después

Otra de las ilusiones que se generaron ante esta cumbre resultaron de la propuesta del nuevo presidente peruano, Alejandro Toledo, de congelar la compra de armas ofensivas en el continente. Avanzó todavía más: propuso dedicar esos fondos a la compra de alimentos. Esta idea debía dar origen a un acuerdo entre los gobiernos para ser implementada cuando antes. Muchos observadores se alegraron: por fin una propuesta que era novedosa, y sensata. Algunos soñaron: tal vez se pueda concretar al menos entre algunas naciones. La idea fue apoyada por Venezuela, cuyo concurso es clave dado que posee una importante dotación de armas de alta tecnología.

Entonces las miradas se volvieron a Chile. Al finalizar los actos de toma de mando de Toledo, la declaración oficial del gobierno chileno indicaba que se "recibe con interés la propuesta del presidente de Perú ..." para limitar los gastos de defensa, pero sin medidas concretas.

Toledo volvió a la carga en la cumbre del Grupo de Rio, insistiendo con la moratoria sobre armas ofensivas y una reducción progresiva de los gastos militares. Sostuvo: "Hay una sola guerra que quiero ganar: la guerra contra la pobreza. Pero no tenemos recursos. No tengo más razones para gastar más en armamento", sostuvo el presidente peruano. A este llamado Chile respondió con ambigüedad, afirmando que "todos concordamos en que los gastos militares son necesarios para asegurar su aporte al bien público que llamamos seguridad. No menos seguridad, no menos gasto, pero tampoco más gasto, porque si todos gastamos más, al final nuestra seguridad es la misma que al principio ..."

Es cierto que las capacidad de acción de Lagos sobre las Fuerzas Armadas está acotada por la constitución heredada de Pinochet. En realidad, los generales promueven un plan de renovación de armas ofensiva de proporciones. El ejercito está ejecutando su "Plan Fortaleza", con la compra de 200 tanques Leopard y 250 blindados. La armada tiene su propia plan de renovación (Tridente), y la fuerza aérea está evaluando comprar diez cazas F-16, por unos 600 millones de dólares. Esta última fuerza dedicaría un total de US$ 2 500 millones en su programa NAC (Nuevo Avión de Combate). Es justamente ese plan el que pone nerviosos a los gobiernos de la región. Para no dejar algunos puntos en el olvido, conviene recordar que la movida chilena de enfriar su paso dentro del Mercosur y negociar con los EE UU, también coincide con las negociaciones que ese país mantenía en 2000 para comprar aviones caza en Washington. Dejemos a un lado la ironía que significa que esos aviones llegarían sin sus misiles de última generación, dada las restricciones que impone EE UU sobre esa tecnología.

En ladeclaración final de Santiago, los jefes de Estado apenas acordaron en buscar procedimientos comunes para contabilizar los gastos militares y la adquisición de armas, agregando que tienen el "firme propósito de adoptar medidas que contribuyan a una efectiva y gradual limitación de gastos de defensa" (punto 29 de declaración). Los presidentes apuntan a establecer un mecanismo para igualar los gastos militares, pero no avanzan en aspectos sustantivos para llevarlos a la práctica.

 

Un paso adelante: democracia

En otro ámbito, los presidentes del Grupo de Río destrabaron la firma de la llamada "Carta Democrática" en el seno de la OEA, al acordar preservar y reafirmar la democracia y los valores democráticos. Seguramente es el acuerdo concreto más importante al que se llegó en la reunión.

Indicándose que la Carta Democrática Interamericana "deberá contemplar disposiciones que contribuyan significativamente al fortalecimiento de los mecanismos de preservación, defensa y consolidación de la democracia representativa en los países de la región", incluyendo una profundización institucional, "normas una participación efectiva, ética y responsable de los ciudadanos en un marco de legalidad", reconociendo "el aporte que efectúa toda la sociedad civil" (punto 7). En el mismo sentido, otro aspecto positivo fue el apoyo explícito al Tribunal Penal Internacional (punto 10 de la declaración). Existieron algunas discusiones, como la reiterado propuesta venezolana de referirse a "democracia participativa". Semanas más tarde, en Lima, finalmente se acordó la Carta Democrática de las Américas, en el seno de la OEA. El hecho quedó en un segundo plano debido a los atentados en Estados Unidos.

 

Sustentabilidad: se repite la retórica

En el campo del desarrollo sustentable se repitieron las declaraciones generales que se han dado en los últimos años. El comunicado del Grupo de Río, recuerda a su vez la Declaración de Río de 1992 y la Agenda 21, donde los gobiernos se comprometen al diseño "de políticas ambientales, económicas y sociales" para encaminar a los países de la región al desarrollo sostenible, y a "trabajar coordinadamente para que en la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Sostenible", la Rio+10 de Sudáfrica (punto 22). Los gobiernos sostienen que fortalecerán la cooperación en casos de desastres naturales (punto 23) y apoyan los objetivos de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (punto 24).

Declaraciones de este tipo se han sucedido en las reuniones del Grupo de Río, en las Cumbres Presidenciales del ALCA, en la conferencia sobre desarrollo sustentable de Santa Cruz, y así sucesivamente en muchos foros. Perolas medidas concretas han sido tímidas, débiles o inexistentes, y los indicadores de sustentabilidad en la región no han mejorado. En las propias negociaciones del ALCA, países como Chile, batallan contra las medidas ambientales.

 

Crisis de Argentina: una buena excusa para volver atrás

La crisis Argentina, y el apoyo, los abrazos y las miradas compadecientes al presidente de la Rúa, han servido para dejar en segundo plano las debilidades del Grupo de Río. El descalabro económico de ese país, y sus efectos perversos sobre todos sus vecinos (Chile, Paraguay, Brasil y Uruguay), e incluso sobre otras economías más alejadas, ha centrado el interés de la prensa y de algunos analistas.

Se ha optado por el camino más fácil: apoyar las duras medidas de ajuste fiscal impuestas por el ministro de economía Domingo Cavallo, y respaldadas por de la Rúa. Muchos de los mandatarios que así han actuado, han iniciado procesos similares dentro de sus países (especialmente F. Cardoso en Brasil y J. Batlle en Uruguay). El gobernante mexicano, Vicente Fox, fue muy gráfico al sostener que "todos cerramos filas alrededor de Argentina". Aunque se reclamó un nuevo status para la región en el concierto internacional, se recurrió a medidas que contribuyen a la dependencia Latinoamericana: los presidentes nombraron a Lagos para que telefoneara a G. Bush en los EE.UU., pidiéndole que apoyara el préstamo del FMI a Argentina.

Se cayó así en una mayúscula contradicción: se reclama autonomía, pero se apela a los Estados Unidos. Las consecuencias de esa movida fueron inmediatas: Washington efectivamente apoyó el préstamo del FMI a Buenos Aires, pero este llegó con la sorpresa de una declaración política que involucra no solamente a Argentina, sino a los demás países del Mercosur. En efecto, EE.UU. otorgó el salvavidas de fondos a cambio de que los países del Cono Sur avanzaran en la liberalización comercial; incluso resucitó el acuerdo del "Jardín de las Rosas" entre ese país y el Mercosur (firmado en 1991 porG. Bush, padre). El pretendido reclamo de autonomía termina en hundir más a América Latina en el camino del ALCA.

 

Retórica y despolitización

El índice de riesgo país de Argentina y otras naciones, la marcha de las bolsas, y otros tantos indicadores terminaron por dejar en segundo plano los demás aspectos de la Cumbre, sea en las cuestiones de integración internacional, como en las medidas nacionales. Los presidentes olvidan que no todo es economía. Hay muchas tareas políticas que se pueden llevar adelante a nivel internacional, e incluso algunas de ellas no cuestan dinero a los tesoros nacionales.

Se podría hacer una larga lista de temas regionales que se beneficiarían de una posición de los presidentes de la región, que fuera tanto coordinada como progresista. Por décadas han esperado resolución temas como la salida al Pacífico de Bolivia, saldar las disputas territoriales entre Venezuela y Guyana, que Brasil informe a sus vecinos de sus medidas económicas, que Costa Rica se vuelva a integrar a Centroamérica ... y así sucesivamente se puede hacer una larga lista. Surge entonces la pregunta: por qué no se ha avanzado en ese sentido en esta cumbre.

La falta de liderazgo, de frescura en las nuevas propuestas, y de capacidad para ver más allá del próximo cierre de un balance comercial, se sigue expandiendo como una enfermedad contagiosa en todo el continente. Se llega así a una cumbre que es aburrida, que atiende en demasía temas como la globalización y la internet, pero no logra medidas concretas, y que ni siquiera se han resuelto los problemas esenciales de pobreza y salud. Los presidentes dedicaron tiempo a discutir sobre la sociedad de la información cibernética, olvidando que en muchas de las escuelas dentro de sus países es común que falten las tizas para escribir en las pizarras.

Las organizaciones ciudadanas se acostumbran poco a poco a la falta de medidas concretas, y apenas se hacen visibles en estos encuentros. Algunas organizaciones ciudadanas, como ATTAC Chile, aprovecharon la cumbre para presentar una carta, donde demandaban "a quienes nos gobiernan a no aceptar las imposiciones del Fondo Monetario Internacional en orden a seguir recortando el gasto público y social, para servir una deuda externa inmoral e injusta".

Es todavía más impactante la falta de cooperación efectiva entre las naciones. Los presidentes se abrazan, se juran amistad, pero marchan cada uno por su lado. No pretendo minimizar el hecho que cada país tenga su propia agenda y defienda sus intereses, pero en muchos casos incluso desde una visión interesada, es ventajoso llegar a posiciones comunes. Todos parecen entender que para hacerse oír en la Organización Mundial de Comercio y otros organismos internacionales, será necesaria una fuerte coordinación política dentro de la región. Pero en la práctica, los países Latinoamericanos van divididos a esos foros, y sus posiciones se diluyen rápidamente.

Finalmente, es todavía más impactante que estas contradicciones estén pasando desapercibidas en América Latina. Los análisis de la prensa tradicional parecen no reconocer que este tipo de cumbres se repiten, con ampulosas declaraciones, pero prácticamente sin resultados concretos. Se proclama la unión, pero se practica la desconfianza. El resto de la población, posiblemente apelando al sentido común, se desentiende de las declaraciones presidenciales, y avanza el descreimiento en la política. Los políticos profesionales se lamentan de ese desinterés, y los académicos advierten de los males que ese proceso puede desencadenar, pero se hace poco o nada para revertir la situación. De esta manera, por más que se sucedan las Cumbres presidenciales, poco se avanzará en la autonomía del continente y en nuevas estrategias de desarrollo.

 

Eduardo Gudynas es analista de información en D3E (Desarrollo, Economía, Ecología y Equidad América Latina). Publicado el 17 de Setiembre 2001 en La Insignia. Se permite la reproducción siempre que se cite la fuente original.

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